LA PAJA EN EL OJO AJENO

 LA PAJA EN EL OJO AJENO

jorge zepeda araya 23/02/2022

El título de este texto no tiene nada que ver con su contenido, lo que pasa es que con este titular podría captar mejor el interés de los lectores con una alusión humorística a una situación ocurrida a un honorable senador que se hizo tema (trending topic como dicen los siúticos) en los matinales y en los cientos de memes que el ingenio chileno quiso poner con el humor y la ironía correspondiente.

El tema de hoy es el siguiente y tiene que ver con la opinión del Rector Emérito de la Pontificia Universidad Católica Pedro Pablo Rosso que decidió teñir su pontificia toga universitaria de color púrpura por el mentado color amarillo.

Pedro Pablo Rosso habla por lo tanto desde las alturas que le da su cargo de ex rector de la PUC, y como bien él debe saber, desde las alturas es difícil distinguir la realidad, quizás sea por ese sesgo que otorga la perspectiva caballera que el honorable rector realiza comentarios lapidarios sobre la convención constitucional. 

El habla de la misma como el reino de la incultura, de un puñado de gente que carece de cultura general, como académico el debería saber algunas cosas sobre la palabra cultura a la cual él pone en un pedestal al que solo puede llegar la persona desde la vía de la Educación Privada (ya que la pública no es de su agrado, del mío ninguna de la dos da el ancho en chile) y a través del tortuoso camino del pregrado, el postgrado del doctorado y del post doctorado y el premio nobel, o sea si para ser convencional es necesario tener estudios tan elevados como los que usted exhibe  en su abultado currículo, dejemos en las manos de las universidad y sentémonos a esperar que salga un documento que solo representará el tipo de visión sesgada y especializada que tiene cada académico desde su atalaya de observación.

Señor Rosso, perdone a este humilde ex académico (retirado) que le dirá un par de verdades, Chile es una nave tripulada por 18 millones de individuos, todos iguales en derecho y en el hecho, cada uno de ellos distintos, con realidades y cosmovisiones distintas y por tanto con culturas propias, a las que usted como académico debería bajar  desde el olimpo de su púlpito a conocer, se daría cuenta que aun la gente más humilde tiene una visión de su mundo, costumbres, normas, saberes que usted ni siquiera conoce, ellos saben sobrevivir allí donde usted no duraría ni siquiera  quince minutos, ellos son herederos de sabiduría dignos y respetables aunque usted los vea como gente de baja calaña e incapaces congénitos.

Entre usted y la Doctora María Luisa Cordero no hay ninguna diferencia, seguramente como ella, usted sueña con un voto ponderado en el que su voto valga por 100 votos de un poblador de Colchane, de lo Hermida, de San Juan de la Costa (¿conoce usted esos lugares?, probablemente para usted sean solo estadísticas en un paper publicado en alguna revista científica) la diferencia con Cordero es que usted parece estar en su sano juicio, cuerdo y lo que sostiene proviene del saber libresco, de la cultura anquilosada que le impide ver más allá de su alto nivel. Respete a su pueblo y sobre todo respete a la Convención que fue elegida por la gente, por toda la gente, no solo por la que usted considera como tal.

Queremos una constitución real, una que se haga parte de los problemas reales del país, que devuelva el sentido y equilibrio que nuestro país perdió o quizás nunca tuvo. Espero que, si usted llega a leer estas líneas, aprenda a respetar a toda la gente, y crea en ella, y a la vez sea usted un faro de luz para ellos y no uno de invisibilización y oscuridad como ha sido este lamparazo que se mandó al escribir su carta en El Mercurio.

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