¿PORQUE LOS POLITICOS ODIAN LAS REDES SOCIALES?
by jorge zepeda araya, noviembre 11 de 2021
Existe un cierto consenso entre las
elites intelectuales, políticas y culturales en sostener que las RRSS son las
culpables de todos los males que aquejan al mundo. Muchos de ellos sostienen
que las redes sociales representan la voz de los idiotas, sostienen que
cualquier patipelado puede hoy en día opinar de cosas que no sabe, cualquier
roto se atreve a denunciar, funar, mentir, robar utilizando el teléfono como
arma.
Detrás de tales afirmaciones, existen
visiones subyacentes que se traducen en un profundo desprecio por la clase
trabajadora, por los ciudadanos de a pie, por el pueblo, misma actitud que
contrasta con lo que vemos en estos días preelectorales, con candidatos que
golpean las puertas de las poblaciones buscando el único poder de la gente “el
poder del voto”. Después de las elecciones se olvidarán de esa “chusma
inconsciente” como le llamaba al pueblo el presidente Arturo Alessandri,
mientras la gente se rajaba aplaudiendo porque en ese tiempo no sabían que
significaba “inconsciente” y además estaban acostumbrados a que los llamaran
“Chusma”.
¿Saben ustedes lo difícil que era
comunicarse en los oprobiosos tiempos de la insolencia (1973-1990) en Chile?,
las radios, la televisión, el cine, los diarios no podían dar cuenta de lo que
sucedía, la pauta diaria llegaba religiosamente a los directores de los medios
de comunicación y algunos pocos les quedaba el recurso de hablar
metafóricamente (ya saben ustedes que los militares no tienen capacidad para
entender figuras literarias y en su actuar no existe la poesía, el arte y menos
el humor) revistas como “Cauce” engañaron muchas veces al dictador recurriendo
a ingeniosos trucos, la única forma de comunicarse era a través del boca a
boca.
Por eso los políticos odian las redes
sociales, sin embargo, ellos mismos las usan para Twittear, para enviar sus ególatras fotos
en Instagram y en sus fanspage de Facebook, ¡¡¡aaah!!! pero cuando el pueblo
las usa, eso está muy mal, solo sirven para desprestigiar, para desinformar,
para burlarse, para repartir noticias falsas. A ellos les pregunto ¿quiénes
fueron los que empezaron a burlarse del pueblo?, ¿Qué más le queda al pueblo, a
la gente común y corriente, sino, la posibilidad de comunicar sus sentimientos,
su humor, su desesperanza, sus sueños truncados, sus reclamos contra las
arbitrariedades de los bancos, las afps, los centros de salud, las farmacias
coludidas, los empresarios del gas, los que vendieron el mar a las 7 familias,
los que robaron a manos llenas en carabineros y en el ejército, ¿de qué manera
la gente sin voz (los políticos ya no les representan) puede reclamar porque
tiene hambre y pasa frio?, ¿o porque el sueldo mínimo no les alcanza o el
Presidente de la República se ha enriquecido obscenamente durante su período
presidencial?. ¿Por la desigualdad, por la invisibilización, por el trato de la
autoridad que no duda en llamar terroristas a todos los que luchan y resisten
en este complejo panorama y dele palos y lacrimógenas o balazos en el wallmapu.
Por eso hoy en día, más que nunca,
los políticos tienen el deber de ser honestos, transparentes, cumplidores de
sus promesas, el presidente debe respetar y honrar su cargo y dar el ejemplo,
los jueces deben actuar con el mismo celo con el rico como con el pobre; los
parlamentarios deben cuidar al pueblo y no servir a los empresarios abusadores;
los carabineros y las fuerzas armadas deben ser modelos de respeto a los
derechos humanos, y proteger al que se manifiesta.
Los políticos; la clase dirigencial y
el empresariado deben ser más autocríticos y darse cuenta de que si la gente
protesta es porque ellos no han estado a la altura de los tiempos.
Prohibir las RRSS sería como matar al mensajero, nada más, los mensajes
permanecerán, se transmitirán de cualquier otra forma, la gente ya no es un
piño que se dirige al destino que ustedes le marcan (ademas ustedes ya no son líderes, con el actual
nivel de aprobación, no pueden ser líderes de nada) y si algo padecen desde
octubre de 2019, es un miedo paralizante que los tiene refugiados detrás de las
faldas de una institucionalidad que cambiará con la nueva Constitución.

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