OSORNO ¿CIUDAD CULTURAL? Jorge Zepeda Araya (Julio de 2021)

 Jorge Zepeda Araya (Julio de 2021) 

La cultura es todo aquello que permite a cada ser humano reconocerse en el otro, para ello es necesario que el “yo” y el “otro o los otros”, poseamos en común un determinado sistema de creencias, ideas, sentimientos emociones, cosmovisiones, modos, costumbres y sobre todo lenguajes e historias en común. 

Conviven en esta ciudad muchas culturas que no siempre dialogan y se reconocen, desde ese punto de vista, la multiculturalidad es por decir lo menos, compleja en cualquier lugar del mundo y especialmente en Chile.  

La multiculturalidad es dinámica, por ejemplo: culturas lejanas provenientes de Europa hace ya cientos de años, han ido amalgamándose en este collage que conforma la diversidad cultural de esta ciudad. Esta dinámica sigue creciendo cuando vemos que se suman a la “Osornidad”, personajes que provienen del Caribe, de Venezuela, de Perú y que traen consigo su equipaje de música, bailes, formas de hablar y de expresarse, ritos y costumbres y su particular gastronomía. Asi entonces podemos sostener que cuando las personas se construyen, lo hacen a partir de esquemas complejos, a los cuales llamamos Cultura, similar a una trama tejida con hilos finos o gruesos de muchos colores y grises, elaborados sobre una urdimbre, común la madre tierra, el territorio y el sentido de la pertinencia voluntariamente elegida. 

No es posible que los 150 mil habitantes de esta ciudad no tengan cosas en común que les unan. Estamos todos coligados por la misma argamasa que une los componentes de este edificio sólido al cual llamaremos la “Cultura Osornina”, de otra manera no seríamos más que un espacio habitado por individuos que solo hablarían sus propias lenguas, incapaces de comprender y escuchar a los otros y destinados a desaparecer. 

Nos une la diversidad, nos une el bello territorio que habitamos, nos une una historia en común, nos unen las formas supervivientes de muchos pueblos que, partiendo de los Originarios han ido mezclándose, a veces forzadamente, con culturas tan ajenas y muchas veces incomprensibles.  

Nos une la vocación productiva de este pueblo, nos une el trazado de una ciudad bella, los modos, las creencias, los saberes y la historia de esta ciudad antigua que estuvo sepultada por 200 años y refundada sobre un dramático enfrentamiento y guerra entre el invasor o colono y el primigenio ocupante de estos lares, cuya sangre se encuentra en la argamasa y el mortero con el cual se nos construyó. 

Antes de que existiera todo lo que hoy consideramos como “nuestra cultura”, existió un hombre osornino y muchas especies de fauna y flora cuya antigüedad se estima en casi 14.000 años, su huella estampada en el suelo de Pilauco junto a evidencias del conocimiento de técnicas y formas de alimentación que estos antiguos osorninos poseían, podemos decir entonces que  la cultura nuestra es la más antigua de América (paradigma de Clovis incluido). 

Nos unen puentes y nos unen obstáculos, las heridas y sus procesos de sanación, las tragedias y las alegrías, las fiestas y las defunciones, nos unen los deseos de mejorar, tenemos sueños comunes, tenemos una idea utópica de vivir en paz y armonía, en fin, somos lo que somos y aún en nuestros defectos nos identificamos culturalmente.  

Si es así, creo que en ese sentido somos una ciudad bastante culta, adicionalmente, tenemos Centros Culturales importantes, artistas, poetas, escritores, música, bandas y orquestas sinfónicas y folclórica, coros, músicos populares, a los menos tres conservatorios de música, escuelas de formación tan importantes como el colegio Santa Cecilia, Universidades, y establecimientos de educación superior, bellos parques, museos, Iglesias y templos que dan curso a la vida espiritual y a las más diversas religiones. En fin, no somos más que otros fanales de luz en la región sur de nuestro país, pero asimismo, no somos menos. 

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